domingo, 18 de noviembre de 2012

Siempre tú.



Odio esta maldita sensación. Tú allí a 11,4 Km. de mi, y yo aquí sentada en el suelo de mi habitación mirando por la ventana esperando que aparezcas con esa maravillosa sonrisa. Música de fondo, millones de ejercicios sobre mi mesa esperando ser hechos, miles de redacción esperando ser escritas y miles de folios esperando ser aprendidos, pero no consigo levantarme y ponerme con ellos. No logro sacarte de mi mente ni un solo segundo. No lo logro sonreír si no estas cerca. No logro seguir.
Días como hoy, que son muchos más de los que yo quisiera, me hacen darme cuenta de que esto no es fácil. Envidio mucho a esas parejas que se ven cada día, que pueden estar juntos horas y horas puesto que solo tienen que andar varios minutos hasta poder ver a su otra mitad.
Suena a topicazo, yo misma lo pensé muchas veces antes, pero la distancia es muy dura. Es horrible no poder estar contigo cada vez que me plazca, dependemos de muchos factores y no solemos tenerlos todos de nuestra parte. Solo me complace el poder hablar contigo las horas que quiera, pero nada comparable a estar entre tus brazos y oír las palabras que salen de tu boca.
Ambos nos enfadamos cuando pasamos tanto tiempo sin vernos, nos cabreamos con nosotros mismos y sentimos la maldita impotencia de no poder hacer nada. Me paso las horas recordando esos momentos grabados en las fotografías y reviviéndolos en mi cabeza, deseando poder estar ahí, en ese mismo instante, solos tú y yo.
Cualquiera que lea esto puede pensar que no te veo desde hace meses, puede parecer exagerado pero para mí es muy difícil estar sin ti tanto tiempo. Tú haces que mi mundo sea menos puto, y solo tú consigues que me olvide de todo, haciéndome sentir millones de mariposas en mi interior y teniendo en la cabeza solo risas y alegrías.
Sé que esto no es nada comparado con el año que se nos viene encima cuando me tenga que ir a estudiar fuera, pero al menos me está sirviendo como aprendizaje. Pasarme días o incluso semanas sin verte, me hace darme cuenta más aún si cabe de lo importante que eres para mí, y de cuanto te necesito.
Uno de mis grandes miedos es que tú no veas las cosas del mismo modo que yo: que te moleste no poder verme pero que seas capaz de vivir sin mí, que te duela pero que te acostumbres, que me quieras pero que te canses de esta situación… Si lees esto, te darás cuenta de que mi único miedo es perderte, puede que te enfade o que pienses que soy tonta por pensar así, quizás ambas cosas pero al fin y al cabo, no puedo cambiar mis miedos.
Daría lo que fuera por poder pasar contigo las veinticuatro horas de mis días durante el resto mi vida. Siempre he sabido en mi interior, que me enamoré de ti aquella noche en las escaleras de la feria cuando te sentaste a mi lado para darme calor y hacerme sentir bien a las tres de la madrugada sin importarte nada que apenas nos conociéramos. Llevo enamorada de ti 512 días y sigues despertando en mí ese sentimiento de nerviosismo que te hace sentir que mueres por dentro cuando el chico por el que te vuelves loca te sonríe. Siempre hemos dicho que nos tendríamos que haber conocido antes, y sí ojala, pero no cambio absolutamente nada de todo lo vivido a tu lado. Momentos buenos y malos, no hay duda de eso, incluso lo nuestro no es tan perfecto, pero al fin y al cabo todos vividos contigo, y créeme, eso es el mayor regalo que me has podido hacer en la vida.
Escribir siempre me hace sentirme mejor pero no cambia el hecho de que no estés aquí, es tarde y debo continuar con las cosas del instituto. Nos vemos esta noche en mis sueños mi vida… Te amo infinitamente, ten claro que esto nunca acabará.


                                                                         Jesús, 23 de julio de 2011. 



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